
Cuando la luna visito su ventana la última vez, le susurro palabras que ella no entendía.
Ella le miro extrañada, no lograba comprender esos murmullos.
Susurraba su despedida.....
ella volvería a espiarla como siempre lo hizo, pero ya no se pondría celosa.
Ya no compartían su hombre.
Su hombre, lejano, oscuro, marchito.... tomaba rumbos desconocidos.
Ella, la Luna, podría seguir sus caminos, de lejos como siempre observándolo, acompañándolo.
Ella, la mujer, ya no seguirá su ruta, cansada de acompañarlo dejo sus pies y su alma en el camino.
Es tiempo de que el caminante marche sólo por el rumbo que escogiera y que no comparte ni con la Luna, ni con ella, la que fuera su mujer.
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